
Hoy nos resulta extraño, pero en los siglos XVI, XVII y XVIII se miraba con miedo hacia el horizonte marítimo. La aparición de una velas fundidas en la lejanía con el gris del cielo era motivo de cierta alarma cundía definitivamente si el pabellón enarbolado correspondía a las marinas francesa, holandesa o inglesa. El mar era un campo de batalla los 365 días del año. Aunque no hubiera declarada una guerra oficial, los gobiernos extranjeros enviaban rápidos buques con patentes de corso que asaltaban a los mercantes españoles en su ruta cantábrica o atlántica. También los puertos eran motivo de asaltos y pillajes. Los cañones acallaban las baterías costeras, los marineros desembarcaban y en un ataque relámpago se hacían con las principales riquezas o pedían, a cambio de preservar las casas, un cuantioso rescate. Las destrucciones afectaban también a los astilleros, a los comercios, a los campos de cultivo, pues se trataba de una guerra sin cuartel destinada a debilitar al enemigo en sus bases económicas y causar un efecto psicológico de miedo continuo...de intranquilidad.
Esta situación hizo que desde el siglo XVI los distintos gobernantes españoles acometieran la necesidad de reforzar las defensas costeras en el Cantábrico, que por entonces se consideraba la frontera con Francia. Los proyectos se sucenden y en etapas de conflicto oficial se envían informes y cartas a las autoridades regionales y municipales del Principado para impulsar las medidas defensivas. Sin embargo, la falta de recursos en unos casos y la desatención por parte de las élites locales en otros hicieron que esta necesaria refortificación fuera lenta y en ocasiones muy puntual, empleándose remedios de urgencia.
Las estructuras defensivas van a consistir generalmente en la construcción de fortines con baterías, emplazados sobre promontorios que dominan los principales puertos, rías y ensenadas. a su vez, se dispondrá de una red de atalayas o garitas de madera para vigilar la costa. Si una de estas atalayas observaba un buque sospechoso, se encendían teas o se disparaba un arma de fuego para avisar a la siguiente atalaya y ésta vez a su vez al puerto o fortín.
Por su extensa fachada costera, su cercanía a la ría de Avilés y la presencia del importante puero de Luanco, el concejo de Gozón fue objetivo sustancial de ataques marítimos. Eso explica el temor latente a nuevas incursiones y la preocupación por el estado carencial de las defensas. En la reunión que las autoridades concejiles celebran en Luanco durante el año 1674 ya se advertía "de los pobres y cortos medios con qeu oy se alla, y ynmediatos a la mar y sus costas con gran peligro de el enemigo". La falta de adecuadas disposiciones bélicas explica que incluso en el siglo XVIII se den noticias de la enesenada de Llumeres como lugar de abrigo de corsarios ingleses. Pero además, las alarmas se suceden. En julio de 1674 la costa es recorrida por buques franceses, en plena guerra con España. Veinte años más tarde, en julio de 1694, los justicias y regidores de la villa conminan a las embarcaciones a unirse a otras chalupas de Candás, Gijón y Llanes para salir en persecución de "fragatas francesas enemigas". En 1746 las noticias se refieren a ataques de barcos ingleses en Candás y Lastres. Al concluir el siglo XVIII, soldados ingleses desembarcan en el Arenal de Batín (Verdicio), haciéndose con varias cabezas de ganado.
Los intentos de fortificar el litoral van a afectar a tres puntos estratégicos del municipio: ría de Avilés, el puerto de Luanco y la ensenada de Llumeres.

En el primero de los casos va a cumplir esa función La Torre de San Juan de Nieva, ubicada donde hoy está el faro.Sus orígenes son oscuros y deben situarse en la frontera entre el bajomedievo y la modernidad. Así lo indica una primera mención en 1524 a la necesidad de arreglar la torre debido a los ataques de los corsarios franceses. Con motivo de estas reformas, en 1525 el baluarte ya contaba con "tiros e municiones e armas e buena guarda e verlas de noche e dia". En 1571, dentro de un clima bélico acentado, se produce la visita del comisario del Gobernador del Principado en la supervisión de las disposiciones de defensa de los puertos asturianos. Este viaje servirá para establecer la necesidad de "reparos en la torre, así para su defensa como para remedio a dondestén las las guardas y puedan guardar y tengan lumbre, y poder dar aviso a la tierra".
Con todo, el paso de los años y las escasas reformas efectuadas a partir de entonces van a hacer que el operativo militar del castillo acabe resultando poco efectivo. Eso explica que en 1762 un barco corsario inglés ataque al navío San José de la Compañía de Caracas, bajo la mismísima torre y tome a continuación la propia fortaleza de Nieva durante horas.
En este siglo XVIII disponemos de una buena descripción de sus características por obra y gracia de ingeniero Fernando de Gaber.
"Para defensa de la concha, barra y puerto, se estableció antiguamente la torre de San Juan , con una batería al pie de ella, que en el día es capaz de seis cañones, tres de ellos a barbeta (no tiene existentes mas que cuatro del calibre de veinticuatro y su alture sobre el nivel del mar para de setenta pies). La torre tiene dos pisos, sirve de cuerpo de guardia y de atalaya y pueden estar en ella veinte hombres con comodidad; se halla en buen estado, igualmente que un almacén de pólvora capaz de doscientos quintales, que hay a distancia de trescientas varas de la batería. El duque de Almodobar como castellano de dicho caserío, paga en tiempo de guerra dos hombre a tres reales cada uno, para que asistan de centinela en la atalaya".
En 1836 la torre de Nieva pierde su condición de batería y los cañones son desmontados y arrojados al mar por orden gubernamental, ante el temor de que fueran empleados por los rebeldes carlistas. Era su castellano, entonces, el conde de Canalejas, que pagaba a un vigía en tiempo de guerra. En este período ulterior, el numero de bocas artilleras se había reducido a dos. Hacia 1848, cuando visita la atalaya Francisco de Paula Mellado, el fortín ya había sido abandonado. Su torre se aprovechará en la construcción del faro inaugurado en 1863.

La custodia del puerto de Luanco va aser prioritaria durante estos siglos. Antes del año 1701 ya existía una pequeña fortificación. En torno a 1706. según González Llanos, las guerras de Sucesión y las necesidades de reforzar la defensa costera hacen que se construya el Fuerte de la Atalaya dominando el puerto de Luanco, en un terreno cedido por José Menéndez de la Pola, acuartelándose por entonces un regimiento en la villa. este mismo potentado permitirá cruzar el camino por sus fincas para trasladar los cañones desde el campo de la iglesia donde se hallaban, debiendo a cambio compensar cualquier perjuicio ocasionado a los colonos de sus tierras.
En 1765 el ingeniero Francisco Llobet recorre la costa con el fin de seleccionar emplazamientos adecuados para la construcción de nuevas fortificaciones. En Luanco observa una "batería antigua arruinada, en la que tiene la villa cuatro cañoncitos inútiles". El diseño del nuevo fortín efectuado por Llobet sigue las líneas maestras de la arquitectura militar francesa, inspirada por Vauban, habia propugnado desde las últimas décadas del siglo XVII. Se trata de una fortaleza dotada de un recio parapeto de disposición ovalada hacia el mar, con aspilleras abocinadas para 7 cañones y definida hacia tierra por una cerca en puntas de diamante y un ancho foso. En el interior del recinto se disponía el cuerpo de edificios, constituido por el cuartel, el cuarto del oficial y el polvorín, situándose a su izquierda un espacio en el que podría recogerse la artillería. El coste total de las obras era de 20.500 reales.
Las obras dieron comienzo en 1781, encargándose al maestro de cantería José García Hevia, que tomará como modelo el fuerte de Gijón. Un año después estaban casi concluidas y se ordena el traslado de la artillería y el polvorín, guardado hasta entonces en el ayuntamiento. Para recordar su construcción, se colocó en el propio fortín una placa.
"SE IZO
SIENDO REI
CARLOS III Á SPE
ENSAS DE PROPIOS
I ARBITROS DEL Q. AÑO 1783"
En 1806, a instancias del rey Carlos IV, el ingerienro militar Tomás Pasacual de Maupoey elaboró un informe en el que se describían las principales defensas de la costa asturiana y se indicaban las reformas necesarias. A él debemos un detallado relato del puerto de la batería luanquina.
"Villa de 400 vecinos, pero los más son gentes de mar, y poco acaudalados, se halla situada, en la concurrencia de dos suaves caidas, y contigua a una ensenada donde existe un murallón para resguardo de los buques, suficiente hasta las 150 toneladas. A un cuarto de hora de este puerto se halla, sobre la punta de la Baca, situada en una batería con tres cañones de 24, que defiende un surgidero, que está a un frente, en el cual, aseguran los naturales, que puedan fondear fragatas de guerra, pera esta sumamente desabrigado, flanquea así mismo, la entrada del puerto, y su barra, sobre la que hay en bajamar de aguas vivas de 20 a 21 pies de agua. Este destacamento debe vigilar de 3 atracaderos, que hay desde el puerto de Candás, hasta esta villa distante media legua larga, y sería muy conveniente, respecto a los pocos oficiales, y tropa que se hallan destinados para la guarnición de esta costa, que el oficial destinado en Luanco fuese también jefe principal de los destacamentos de Candás, y Llumeres, en atención a la corta distancia de uno y otro punto, y porque establecida la batería de Llumeres, serán las otras dos de poca entidad, pues la rada de este nombre, ofrece segura recalada a toda especie de buque por su inmediación al Cabo de Peña y por su grande fondeadero". En este mismo año disponía el fortín para su defensa de 1 oficial, 1 sargento, 1 cabo, 10 soldados, 2 artilleros y 40 paisanos, hecho que convertía a Luanco en el segundo punto mejor guarnecido de la costa asturiana tras Gijón. Según el ingeniero Fernando de Gaber, este fuerte, junto con los existentes en Candás y Gijón, tenían parapetos y explanadas en buen estado, encargándose de las reparaciones el marqués de San Esteban, a la sazón comandante de artillería del Principado.
La vida en el fortín irá consumiéndose en el siglo XIX. El ejército francés causará fuertes destrozos durante su presencia entre 1808 y 1811 y a partir de entonces no vuelve a repararse. En 1839 un informe de José Caveda y Nava la cita como "fortaleza deteriorada de regular magnitud nombrada "La Bilortera". Aún así, en 1848 Castor Caunedo se refiere a ella como una "batería en barbeta artillada por cuatro piezas de a 24 y un cómodo cuerpo de guardia para el destacamente que la guarda", hallándose a escasos metros del polvorín. En 1851 el baluarte bautiza a la "Loma del Castillo". A fines del siglo XIX, sin embargo, la fortaleza se hallaba en ruinas y el camino de acceso, que recorría el Cabo de la Muerte sobre una pared, se empleaba solo para comunicar a los pueblos de Peroño, Mazarra y Cementerio, encontrándose obstruido a la altura del campo parroquial de la villa.
En torno a 1805-1806 se pone en marcha la construcción de una batería en Llumeres, ensenada que era empleada frecuentemente como fondeadero de buques corsarios. Lo cierto es que las óptimas condiciones naturales d ela rada habían sido apuntadas por diversos autores. Carlos Gónzalez Posada incluía en 1794 a Llumeres como una de las dos bahías, junto a la Concha de Artedo (Cudillero), "capaces de grandes escuadras". Unos años después, alcanzado ya el siglo XIX Tomás Pasqual de Maupoey nos habla de los proyectos existentes:
"AL Norte de Bañugues, y contiguo a la ensenada del Cabo Peñas, se halla un fondeadero de bastante extensión, y bien abrigado, a excepción de los vientos el Norte Noreste hasta cerca del Este pudiendo andar cualquier navío de línea. Este es uno de los puntos, en que los corsarios enemigos, han hallado todo el amparo que necesitaban; Aqui se preveían de la aguada; aqui se abrigaban en los temporales; aqui es donde ejercían con mas seguridad la piratería contra los mercantes que navegaban de Este a Oeste y aquí es donde menos cuidado se había puesto para evitar estos daños tan notorios; pero en virtud del Real Orden del 2 de Octubre de 1805 se está finalizando una batería que deberá tener 3 cañones de 24, que con sus fuegos flanquearán la rada de que se habla, la esnsenada dicha de Peñas, los [carreros de los merendalveres] que ...