Cuando Las Meanas pierde el nombre

 

La toponimia en asturiano del concejo de Avilés indica que Las Meanas ha dejado de llamarse así, de la misma manera que La Coruña se convirtió de repente en A Coruña y los automovilistas castellanohablantes empezaron a echar de menos en las dichosas señales cuántos kilómetros quedaban hasta la capital gallega, por culpa de la preposición que, de ser en español, sustituiría al artículo. Este tipo de cosas, por lo general, suceden sin apenas darnos cuenta.

La Xunta de Toponimia del Gobierno del Principado propone y los concejales disponen. A los concejales les sobra disposición para estas cosas y carecen de ella para los asuntos que realmente importan o preocupan a los avilesinos. De modo, que Las Meanas ha pasado a llamarse Les Meanes y siguen, sin embargo, sin resolverse los accesos al puerto, la supresión de la barrera ferroviaria y hasta una perrera por la que los amigos de los animales llevan clamando la friolera de veinte años. Existe, eso sí, unanimidad municipal en rebautizar Les Meanes, que la mayoría seguirá conociendo como Las Meanas.

No es mi propósito polemizar con la Xunta de Toponimia, que un día decidió que Piedras Blancas tenía que ser Piedrasblancas, al interpretar que todo el mundo se refería de corrido a la capital del concejo de Castrillón. Es posible que Las Meanas fuese hace ya bastantes años, para algunos vecinos, Les Meanes. Morfológicamente deja de tener importancia una «a» o una «e», de más o de menos. Las lenguas, aunque haya quienes se empeñen en lo contrario, están hechas para entenderse con ellas y, en este caso, resulta fácil hacerlo de cualquier manera.

Me van permitir que a Las Meanas, como a La Coruña, las siga llamado por su nombre. Y como yo harán muchísimos otros avilesinos, que siempre las han llamado del mismo modo. Para los de mi generación, las precedentes y también algunas venideras, Las Meanas fue, junto con los «praos» de Carbajal, un jardín de infancia, una pradera donde jugar en las inmediaciones de la Carreterina Nueva, que era como realmente se conocía la avenida Fernández Balsera. Desconozco por qué se cambian unas cosas y otros no, atendiendo a cómo las identifica la población. Nunca oí decir a nadie Les Meanes, lo mismo que jamás escuché Les Arobies. Sí, en cambio, La Madalena, por la costumbre de comer letras.

El cronista de la villa, Justo Ureña, recuerda, sin embargo, en su libro «Avilés y sus calles», cómo lo de Les Meanes es posible, al contar el intento fallido en 1891 de la Corporación de sustituir el nombre popular por el de Parque del Retiro. Los fracasos suelen ser frecuentes cuando a una cosa se la conoce comúnmente por un nombre o una localización de toda la vida y, en cambio, se la pretende llamar de modo distinto. Uno de los debates más estériles de la Corporación se produjo en el momento de bautizar el último polideportivo construido en la ciudad, que unos querían llamar Príncipe Felipe y otros acabaron llamando Complejo Deportivo Avilés. Resultado: después de años, para todo el mundo es el polideportivo del Quirinal, por su emplazamiento y porque ya se le conocía así antes de que se colocase el primer ladrillo.

Con Las Meanas o Les Meanes -el nombre no sabemos si deriva de una degradada función fisiológica o de un apellido, nadie se ha preocupado de averiguarlo- nunca han sabido qué hacer en el Ayuntamiento. El parque ha sufrido mil tormentos urbanísticos y varios intentos de especulación. Ahora, abriga ocasionalmente el mercado de abastos. Mañana no sabemos qué. De las praderas originales no queda nada. De su esencia, sólo se preocupan en rebuscarle el nombre.

Hay mejoras cosas, desde luego, en las que perder el tiempo. Sin hablar de lo que podrían hacer los concejales para solucionar los problemas de Avilés, entre los que no se halla la toponimia como se desprende de la sesuda propuesta del Principado, que tiene entre sus grandes hallazgos sustituir la «a» por la «e».

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