«Es un paseo precioso», afirma un vecino. Otro añade: «Junto al eucaliptón están las mejores vistas de Avilés». Ambos viven en La Arabuya, a los pies de la peña San Lázaro, en la parroquia de Corros, en plena naturaleza, que ahora mira más que nunca al asfalto: a los pies del monte están construyendo 1.000 viviendas. La pareja peina canas, viste de lana, mandil y madreñas, y conoce con los ojos cerrados el camino que el montañero Víctor Villar Pis ha descrito en su último libro -«Caminando por Asturias»- con el nombre «Ruta del Colesterol», en homenaje a los cofrades de esta peña gastronómica. El sendero comunica Avilés e Illas. Suma ocho kilómetros, para algunos, «los más bonitos de Asturias».
El camino parte del parque de La Magdalena, y en un santiamén, tras cruzar el parque de este barrio y Piqueros de Arriba, se alcanza La Arabuya, un núcleo rural con categoría de caserío. Aquí viven poco más de treinta vecinos, y quien menos gasta hórreo y casa con galería. Casi todos se criaron en el bosque del sur del concejo, de un kilómetro cuadrado de extensión, que aún conserva ejemplares autóctonos (sobre todo, castaños), que sobreviven entre decenas de eucaliptos y vegetación. El sendero, estrecho y de tierra pero muy marcado, transcurre apenas sin desnivel: la ruta tiene 170 metros de desnivel máximo en la subida y 75 en la bajada. Se trata de un paseo apto para los más pequeños.
En el punto más alto del bosque de La Arabuya Avilés queda a los pies del caminante. El barrio de La Magdalena se asemeja a un parchís, con casas rojas, amarillas, blancas... Destaca, sobre todo, la actuación urbanística que se está ejecutando a cinco minutos del monte: una gran obra que ocupa 200.000 metros cuadrados y que pondrá en el mercado casi 1.000 viviendas, 750 de ellas protegidas. Los trabajos de urbanización, ya iniciados, tienen un plazo de ejecución de 16 meses. Entonces Avilés estrenará una nueva área verde y el asfalto se mezclará con La Arabuya.
Siempre en dirección sur, el camino lleva hasta La Carrionina, en la ladera meridional del bosque de La Arabuya, a una altitud de 60 metros, donde el paisaje de cuestas infinitas compite con señales amarillas: «Camino cortado por obras». La intención del Ayuntamiento es reparar en este enclave de apenas 70 vecinos las caleyas, al igual que en La Arabuya, Valliniello, Miranda, La Carriona y La Carrionina. La inversión rondará los 1,2 millones y dará trabajo a diecinueve personas, todo con cargo al fondo estatal.
Tras casi rozar el centro comercial de La Carriona, el paseo continúa hacia La Callezuela, pisando tierras corveranas: Villa. En pocos pasos, según describió recientemente Villar Pis, la ruta enlaza con Illas, «y ya se ve todo de otro color». «El camino se vuelve más agreste, más salvaje, más verde», explicó para referirse a esta ruta que anualmente recorren los cofrades del Colesterol a pie desde el Ayuntamiento avilesino.
Ya en Illas la ruta desemboca en Joyana, donde algunos creen que están los orígenes del municipio. De ahí, a la Callezuela. En total el trayecto supone tres horas de caminata, y el fin de la excursión puede ser gastronómico. La vuelta, por el mismo camino, sumando ocho kilómetros más. En coche, a Avilés, quince minutos.
Dificultad
Dificultad baja, ruta apta para niños.
Trayecto
Ocho kilómetros, desde La Magdalena (Avilés) hasta La Callezuela (Illas).
Núcleos de población
Piqueros de Arriba, La Arabuya, La Carriona, Villa, Joyana y La Callezuela.
Naturaleza
Bosque de La Arabuya, donde sobreviven especies autóctonas (castaños, principalmente), entre decenas de eucaliptos y vegetación variada. Unos 170 metros de desnivel máximo en la subida y 75 en la bajada.
Áreas verdes y más agrestes en la ruta a su paso por el concejo de Illas, hasta terminar en La Callezuela.