Los primeros pobladores de Gozón
La Historia de Gozón es mas antigua que el propio árbol del Edén. Si los padres de la iglesia cifraban la creación del paraiso de Adán y Eva 4000 años antes del nacimiento de Jesucristo, en la acualidad sabemos que el origen de nuestra especie se remonta a las llanuras africanas y se puede encontrar en millones de años. Pues bién, retornando a nuestra pequeña historia en nuestro pequeño territorio estamos en condiciones de afirmar que la primera presencia humana en las tierras gozoniegas se constata desde hace unos 100.000 años antes del presente. De ello dan fe un alto número de yacimientos arqueológicos que hacen del concejo un enclave de primera categoría a la hora de investigar los orígenes de las comunidades humanas en el litoral cantábrico, lo que se ha venido a llamar el Paleolítico inferior y medio.
Los yacimientos se localizan en cobijadas ensenadas o sobre plataformas acantiladas diseminadas a lo largo de la línea de costa, y en su mayor parte fueron catalogados y estudiados por el profesor J.A. Rodríguez Asensio. Mas recientemente también ha contribuido a ampliar la nómina de yacimientos el Inventario arqueológico del concejo realizado por los arqueólogos B. Díaz-Nosty y G. Sierra. En total contamos con 12 localizaciones.
Cabo Peñas

Estamos ante un yacimiento arqueológico con una extensión considerable, que presenta dos estaciones al aire libre. En ellas resulta frecuente localizar diversos materiales líticos tallados en cantos de cuarcita, y entre los que abundan ñps hacheraux, raederas, núcleos, hojas y lascas encuadrables en un Achelense medio primitivo.
Ensenada de Bañugues
Es sin duda alguna el yacimiento estrella del Paleolítico Antiguo , no solo a nivel del concejo sino en lo que a toda Asturias se refiere. A ello ha contribuido el carácter pionero de sus excavaciones arqueológicas, ampliamente difundidas a nivel nacional en internacional. El yacimiento fue descubierto en 1961 por el Sr. Caramés, quién identificó diferentes cantos trabajados en los materiales sedimentarios cuaternarios de corte de la terraza marítima de la playa de Bañugues, en su margen izquierda. El lugar también recaba el interés de otros investigadores, como M. Perez o F. Jordá Cerdá, y en 1977 comienzan las excavaciones arqueológicas dirigidas por el profesor Rodriguez Asensio y que permiten definir la existencia de una amplia industria del Paleolítico inferior y otra posterior asturiense. Los miles de útiles y restos de talla encontrados evidencian la importancia del asentamiento, que conjugaría su función de taller y lugar de habitat de un grupo prehistórico perteneciente a los momentos finales de la cultura Achelense. Entre los diferentes materiales encontrados resultan habituales los bifaces, hacheraux, picos triedros, raederas, escotaduras, denticulados, lascas simples, cantos trabajados uni y bifacialmente, los esferoides así como las lascas y puntas levallois. Junto a ello los estudios sedimentológicos de las capas de brechas en que aparecen incrustados los útiles líticos han permitido identificar la existencia de un enfriamiento relativo del clima, coincidiendo con el final del interglaciar Riis-Wurm y el inicio del Wurm I, y que habría supuesto una sensible regresión del mar en la ensenada de Bañugues.
Punta Segareo

Se trata de un cabo localizado en los acantilados que separan las ensenadas de Llumeres y Bañugues, y donde se han recogido diferentes restos paleolíticos pertenecientes al Achelense superior.
El Sillón

Es un nuevo yacimiento arqueológico situado entre la Punta Segareo y el pueblo de El Monte, y donde se encontraron un canto de talla unifacial y otro bifacial.
Playa de Llumeres

En el corte de la terraza marítima de la playa se localizó un canto rodado de cuarcita tallado por una cara.
Playa de Antromero

En esta ensenada han aparecido varios útiles líticos tallados en cantos de cuarcita y correspondientes al Achalense final o Musteriense de tradición achelense, entre ellos una punta levallois, un bifaz, una lasca Debris y un núcleo.
Península de Nieva
el material prehistórico se localiza en diferentes puntos dispersos entre el faro L´Atalaya y Punta Forcada. Se trata basicamente de bifaces, pico triedros y cantos trabajados unifacial y bifacialmente, todos ellos en cantos de cuarcita de color rojizo, y con una cronología inferopaleolítica indeterminada.
Legua
En esta localidad cercana a la villa de Luanco está documentado el hallazgo de un esferoide
Playa de Moniello
Materiales recogidos en las cercanías de la playa y entre los que se encuentran una raedera y dos cantos tallados adscribibles al Achelense medio-superior.
Punta la Vaca

Cabo que delimita por el este la ensenada Ñera, y en el que han aparecido diferentes materiales líticos del Achelense medio-superior, entre ellos un pico bifacial, una lasca Debris y un núcleo, todos tallados sobre cantos de cuarcita.
Playa Tenrero
Yacimiento catalogado por M. Pérez en 1975 al que pertenecen varios útiles pertenecientes al Achelense superior evolucionado: raedera, denticulado, cuchillo de dorso, núcleo y lascas, una de ellas en sílex.
Playa de Aramar

En esta ensenada Bladimirio Alonso localizó un bifaz tallado en cuarcita que grosso modo puede encuadrarse em el tecno-complejo Achelense
Ante este nutrido grupo de evidencias arqueológicas el territorio de Gozón se nos revela como un espacio privilegiado para analizar la vida de las primeras comunidades humanas en Asturias, encuadradas en la denominada cultura achelense, que debe su nombre al yacimiento francés Saint Acheul. El importante conjunto de herramientas en piedra recuperado nos ofrece un fiel reflejo de sus actividades fundamentales, respondiendo los diferentes útiles a las funciones básicas de cortar, machacar y raspar. Cortar la carne machacar los huesos o la madera, raspar las pieles. En palabras del profesor Rodríguez Asensio, la zona de Peñas se puede considerar como un auténtico territorio de caza donde aprovechar todos los recursos naturales. Las resguardadas ensenadas de la rasa litoral presentan unas condiciones idóneas para su habitabilidad, cercanas a los recursos marinos y abastecidas de agua dulce por pequeños arroyos que atraían la caza como puntos de abrevadero. De entre todas ellas la ensenada de Bañugues conocería el principal núcleo de habitat, repartiéndose por el resto del litoral cazaderos y telleres líticos. Estamos hablando de pequeños grupos que no superan la veintena de individuos, resguardados en sencillas cabañas de madera y con una alta movilidad vinculada con la actividad cinegética. Más allá del poblado los bosques de pinos, alisos y avellanos sirven de enmarañado refugio para una variada fauna, entre la que podemos encontrar osos, conejos, jabalíes, corzos, toros salvajes y bisontes, pero también rinocerontes, tigres de diente de sable, elefantes, caballos, ciervos, cabras, y rebecos. Todo ello configura el esbozo del primer paisaje de Gozón, el paisaje prehistórico.
LOS HABITANTES DE LAS CUEVAS
El tiempo avanza y anteneandertales y neandertales han abandonado ya la faz de la tierra. Estamos en el Paleolítico Superior y el reinado del Homo Sapiens, en la cúspide de la pirámide, resulta incuestionable. Lamentablemente en el concejo no contamos con ningún testiminio de este período, que se mueve entre el 30.000 y el 8.000 antes de Cristo. A ellos contribuye sin duda alguna la escasez de cuevas en estas tierras costeras, unos espacios de habitat empleados durante este nuevo ciclo por unas poblaciones que trataban de refugiarse del rigor climático de las glaciaciones.
El yacimiento del Paleolítico Superior más cercano lo encontramos en el vecino municipio de Carreño, concretamente en la caverna conocida como Cueva Oscura de Perán, localizada en la aldea de la Braña de la parroquia de Perlora. Desgraciadamente la cueva fue destruida en los años 60 por una cantera, poco tiempo después de que R. Fernández Rapado y M. Mallo Viesca realizasen una excavación arqueológica que había proporcionado unos interesantísimos datos , al documentarse una amplia secuencia cronológica y cultural que abarcaba nada más y nada menos que el Musteriense, Solutrense, Magdaleniense, Aziliense y Asturiense.
EL ASTURIENSE A LA ORILLA DEL MAR.
El tránsito de los tiempos Paleolíticos a la revolución agrícola y ganadera que supuso el Neolítico está definido en Asturias por dos culturas intermedias:El Aziliense y el Asturiense. De la primera no tenemos indicios en el territorio que nos ocupa, aunque acabamos de comentar como la cercana Cueva Oscura de Perán parece haber estado ocupada en este momento.
Del Asturiense, por el contrario, existen numerosos testimonios repartidos a lo largo de nuestro litoral. El máximo representante tecnológico de esta cultura es el denominado "pico asturiense", toscamente tallado sobre un canto rodado. Según los autores de la Carta Arqueológica del concejo, B. Díaz-Nosty y G. Sierra, dos picos asturienses se encontraron en la Punta Segareo. En las excavaciones de Bañugues también aparecieron, así como en el Cabo Peñas, la playa de la Cabra Muerta (Luanco) y la península de San Juan de Nieva. Finalmente en la playa de Aramar M. Perez localizó 4 picos asturienses, que se encuentran depositados en el Museo Arqueológico de Asturias. El considerable numero de hallazgos nos informa elocuentemente de la amplia difusión que alcanzó esta cultura en la costa del concejo en particular, y de Asturias en general, con importantes yacimientos en el sector marítimo oriental, y que propiciaron en su momento que fuera bautizda con el nombre de nuestra Comunidad. Una Cultura que ha sido estrechamente vinculada a la orilla del mar por los investigadores, con la actividad pesquera -documentándose anzuelos de hueso en algunos yacimientos-, pero, basicamente con el marisqueo, con el beneficio de crustáceos, oricios, mejillones, bigaros o llampares, y donde el pico asturiense se revelaría como una herramienta altamente funcional entre los pedreros. Más allá de estos tópicos, aún son muchas las dudas sin despejar sobre el pasado de estas comunidades, que han sido ubicadas entre finales del VIII y el IV milenio a.C., y que se nos muestran como el último eslabón anterior a la llegada del Neolítico.
LOS CONSTRUCTORES DE DOLMENES
Nos movemos ahora entre el IV y el II milenio a.C.. Un sugerente universo en el que tienen lugar trascendentales cambios sociales, económicos y mentales. Un mundo definido por las primeras actividades agrarias, y por le protagonismo de la ganadería, pero sin duda alguna y sobre manera, por el Megalitismo. Los magalitos son montículos artificiales de tierra y piedras -el túmulo- que encierran en su interior una cámara arquitrabada de grandes bloques -el dolmen- normalmente empleado como depósito funerario. Junto a este contenido mortuorio los megalitos también han sido interpretados con significado religioso,simbólico o meramente territorial, como elementos de apropiación y delimitación del espacio por parte de una comunidad ganadera. Todas estas variables han sido alimentadas por las diferentes tipologías megalíticas consignadas durante las excavaciones arqueológicas, apreciándose túmulos que contienen en su interior desde grandes dólmenes a sencillas cistas o estructuras de madera, tal y como ha documentado el profesor M.A. de Blas Cortina. Con respecto al megalitismo asturiano se establecen dos apreciaciones básicas: en primer lugar su extensión por todos los rincones de nuestra geografía, abarcando desde la rasa marian hasta cotas superiores a los 1000 metros de altura, lo que ha llevado a considerar el megalitismo neolítico como la primera gran colonización de todo el territorio asturiano. Y en segundo, una máxima que se ha hecho ya célebre entre los arqueólogos asturianos, ya que al contrario que ocurre con la cultura castrena -en la que se sabe donde vivían los astures- en los castros- pero se desconoce totalmente donde descansaban sus muertos -las necrópolis-, con las comunidades neolíticas podemos decir que conocemos a la perfección sus tumbas pero nada de los poblados. Paradojas de la prehistoria y la arqueología.
Retornando a nuestros límites geográficos, en tierras de Gozón se localizan al menos 5 túmulos o megalitos, catalogados por B. Díaz-Nosty y G. Sierra Piedra durante los trabajos de prospección visual del terreno para el Inventario Arqueológico del concejo. Estamos ante estructuras tumulares mal conservadas por lo general, afectadas por labores agrarias y forestales, y por las modernas infraestructuras. Presentan modestas dimensiones, en comparación con algunos de los grandes túmulos regionales, y en ninguno de ellos sep puede apreciar restos de la cámara pétrea interna. Se trata de los siguientes :
Túmulo de la Pecina
Se localiza en las proximidades de El Monte, en la parroquia de Bañugues. Actualmente el montículo se encunetra muy arrasado y presenta modestas dimensiones.
Túmulo de Tazán
Se encuentra en las cercanías de este barrio de la parroquia de Viodo. Presenta 11 metros de diámetro y 0.8 metros de altura. A simple vista no se reconoce hoyo de saqueo.
Túmulo de Xagó
Lo encontramos situado entre la playa y el pueblo de Lloreda, en la parroquia de Podes. Ostenta unas dimensiones considerables, con mas de 15 metros de diámetro y 1,3 metros de altura.
Túmulo de Carou
Localizado sobre el monte homónimo de la parroquia de Verdicio, a unos 100 metros de altitud. Sus medidas se corresponden con 11 metros de diámetro y 1,2 metros de altura. La zona central se encuentra removida por un hoyo de saqueo aunque no se aprecian bloques y lajas de piedra correspondientes a la cámara interior.
Túmulo de Los Gallos
Se emplaza sobre un promontorio de poco mas de 40 metros de altitud entre los barrios de La Corona y Fogueras, en la parroquia de Laviana. No presenta hoyo de saqueo, aunque se encuentra bastante destruido por los trabajos de la zona. Sus dimensiones son modestas, sin llegar a los 10 metros de diámetro y 0,75 metros de altura.
Junto a esta estructuras tumulares tenemos constancia del hallazgo de una maza biapuntada de San Martín de Podes de perfil lenticular y sección subcircular, con una entalladura en su máximo perímetro para asegurar la fijación de las ataduras al enmangue. Para M. Pérez (1975) pertenece a la cultura megalítica, mientras que para J.M. González (1968) sería de origen paleolítico.
ASTURES, POBLADORES DE CASTROS.
La cultura Castreña es uno de esos hitos de la historia de Asturias, junto con el Arte Rupestre Paleolítico (Tito Bustillo, Candamo...) o la Arquitectura Prerrománica (Naranco, San Miguel de Lillo, Santullano..), que se han convertido ya en referentes populares de nuestro pasado común. Sin duda alguna, el "misterioso" mundo de los castros encierra todavía un difuso halo de incógnitas, mitos e interpretaciones enfretadas que atrapan la atención de las personas interesadas por el pasado de nuestra Comunidad. Así todo, en los últimos años no son pocas las excavaciones arqueológicas (Campa, Torres, ría de Villaviciosa, Chao Samartín) que vienen ofreciendo datos cada vez más relevantes sobre unos poblados fortificados que tuvieron su origen en los siglos VIII y VII a.C., en las fases finales de la aún poco conocida Edad del Bronce.
Por castro entendemos un poblado fortificado que ocupa una posición topográfica destacada (montículo, espolón, acantilado) que le proporciona unas defensas naturales y un amplio dominio visual sobre su entorno. A ello habría que unir una serie de elementos constructivos (murallas, fosos, parapetos) que aumentaban considerablemente el valor estratégico y defensivo del emplazamiento. Por estas razones el castro fue un modelo de habitat que obtuvo una gran difusión en el territorio asturiano durante la época prerromana, perdurando su empleo durante la romanización , la tardoantigüedad, y alcanzando incluso los siglos del primer medievo. De hecho, los pocos indicios cronológicos que tenemos con respecto a la ocupación de los castros de Gozón pertenecen principalmente a la época romana. Esta situación está provocada en gran medida por la inexistencia de excavaciones científicas y porque los materiales con los que contamos por el momento proceden habitualmente de hallazgos en superficie, entre los que predominan los objetos de época romana -mejor conservardos que los prerromanos-.
En el concejo perviven, en mejor o peor estado de conservación, cuatro castros : El Cantu la Figal, El Castiello de Podes, Los Garabetales y El Cuerno. Todos ellos se ubican a lo largo de la línea de costa, ta y como ha estudiado J. Camino en su libro sobre los castros marítimos asturianos, y a quien seguimos en las siguientes líneas.
Castro del Cantu la Figal
Si algo llama la atención enseguida de este recinto castreño es su propio emplazamiento, ya que ocupa un promontorio alzado sobre los acantilados de la península de Nieva que delimitan la bocana de la ría de Avilés. Desde esa posición dominante se controla cualquier acceso al fono de saco de la ensenada, pero también se alcanza un considerable dominio visual sobre la costa del vecino concejo de Castrillón, abarcando desde el cercano Peñón de Raíces hasta la Punta Vidrias. En este promontorio, de 75 metros de altitud, afloran calizas, dolomías, margas y areniscas, utilizadas en su día para la construcción de las murallas y las cabañas. Lamentablemente es muy poco lo que se aprecia hoy en día del antiguo poblado. En la zona central se diferencia un recinto rectangular de 77 por 52 metros, cuya superficie supera levemente los 4000 metros cuadrados. La rampa de acceso está perdida, aunque tal vez se localizaba en la costa de suroeste. El perímetro del recinto está delimitado por taludes de 3 a 5 metros de altura y aterrazamientos de 6 metros de ancho. Actualmente se encuentra bastante enmascarado ya que el tupido monte bajo de tojos va ganando terreno a las praderías. Además se aprecian pequeños pozos de saqueo en el interior del castro debidos a rebuscas ilegales. No se conocen materiales arqueológicos procendentes de este castro, aunque en la cercana ladera que cae sobre las casas de San Juan de Nieva se recogió una tegula (teja romana) con la marca del alfarero romano Licinius, que se conserva hoy en día en la colección privada del Taularium Artis Asturiensis.
Castro de El Castiello
Sin duda alguna nos encontramos ante el castro mas espectacular de todo el territorio de Gozón. Y no sólo por su emplazamiento acantilado entre las escotaduras de Portazuelo y Molin del Puerto (parroquia de San Martín de Podes), sino por sus voluminosas defensas artificiales -especialmente los fosos- que defienden su retarguardia. Además, es el yacimiento castreño que mas materiales arqueológicos ha proporcionado hasta la fecha, provenientes en su mayor medida de prospecciones arqueológicas de la superficie. El cabo sobre el que se asienta el castro presenta un dominio litológico de calizas, margas y dolomías. Las condidciones naturales del emplazamiento son excepcionales. El aprovisionamiento de agua dulce estaría asegurado por el cercano arroyo que desemboca en la ensenada del Puerto, excelente fondeadero natural. Del otro lado, la playa de Portazuelos, también llamada playa Negra por su característica arena teñida, presenta veneros de hierro que puedieron ser aprovechados por los habitantes del castro. Ademas, desde la cota mas alta del recinto se obtiene un amplio dominio visual sobre la línea de costa, abarcando desde la desembocadura del Nalón hasta el Cabo Peñas. Por todas estas razones no resulta extraño que nos encontremos ante el castro de mayor categoría del concejo. Y esta importancia se advierte también en su morfología. El recinto principal engloba todo el extremo septentrional de la península, superando ampliamente los 6000 metros cuadrados de superficie. A este recinto se accede por una rampa dominada por un posible torreón de planta circular de más de 10 metro de diámetro y que discurre entre dos antecastros fortificados mediante fosos, murallas y parapetos. El antecastro oriental presenta un foso excavado en la roca caliza con mas de 30 metros de longitud, 6 de ancho y 3 de altura. Por detrás se oculta una posible muralla con 50 metros de longitud y 6 metros de altura. Pero sin duda el mas imponente es el antecastro occidental, fotificado mediante un foso y un parapeto que terminan en el acantilado. El foso alcanzo los 100 metros de longitud, una anchura de 10 y una profundidad media de 2 metros. Por su parte, el parapeto trasero llega a alcanzar cuatro metros de altura sobre el foso. Estas evidentes alteraciones del terreno alimentaron secualrmente la imaginación popular, favoreciendo el desarrollo de diferentes leyendas en trono al castro, como ésta que recogió Berto Peña de un vecino de Fresno. "Nun sitiu que llamen La Punta´l Castiello, cerquina El Molín del Puirtu, contábase que tuvieren los moros y que xugaben allí con boles y bolos d´oro. Dicien qu va munchísimos años llabrando delante d´unes cárcoves qu´hai, alcontraron un carrucu o un carricoche d´oro". Lejos de este tipo de hallazagos los materiales que realmente aporta el yacimiento -estudiados por J. Camino, B. Díaz Nosty y G. Sierra, y A. Alvarez Peña- son muchos mas cotidianos, pero tienen el gran valor de informarnos sobre la vida, el dia a dia de los pobladores del castro hace 2000 años. Entre las cerámicas resulta común encontrar bordes de cerámica común romana y de tradición indígena. También se documentan cerámicas importadas, como la Terra Sigillata Hispánica. El poblado debió de tener una actividad metalúrgica considerable, si tenemos en cuenta los abundante restos de escorias encontrados, junto crisol y torta de fundición de hierro. Además hay que destacar dos hebillas o broches de bronce. La primera es una fíbula anular en forma de omega decorada con delicados semicírculos y ángulos incisos. La segunda es una fíbula de charnela del tipo Aucissa . En la dieta cárnica parece que predominaban las ovejas , las cabras, el cerdo y las vacas, junto con la caza. Los concheros nos ofrecen también restos de Patella (llámpares) y Púrpura, empleada posiblemente como tinte de los vestidos.
Castro de Los Garabetales
A diferecia del Cantu la Figal o el Castiello, este castro no se ubica sobre la misma línea de costa, sino que se retira levemente hacia el interior, a una distancia de 200 metros de las playas de Aguilera y Carriciega (Verdicio, parroquia de Podes) y ocupando un pequeño montículo de la rasa litoral de 65 metro de altitud. Este pequeño retranqueo supone una considerable menrma en el control visual sobre la costa, especialmente hacia poniente. La litología del montículo está dominada por las arenicas ferruginonsas con algunas bandas de pizarra. El arroyo Budores, que recorre su flanco oriental, contribuye a diferenciarlo topograficamente. Además, se aprecian algunas defensas artificiales de cierta entidad protegiendo las zonaas de más fácil acceso. Así, aunque todo el perímetro del asentamiento está recorrido por un talud de entre 3 y 4 metros de altura, los costados sureste y norte presentan sendos fosos, reaprovechados actualmente por los caminos de acceso a las playas y fincas. El recinto interior se subdivide al menos en tres plataformas que abarcan una superficie total que supera la media hectárea.
Castro de El Cuerno
Este posible castro se localiza en la Punta del Cuerno, frente al pueblo de Ferrero en la parroquia de Viodo. Decimos posible porque aunque el emplazamiento y algunas de las alteraciones artificiales que lo definen invitan a pensar en la identificación de un asentamiento fortificado en este lugar, no podemos estar del todo seguros hasta que se realicen excavaciones arqueológicas. El castro se adapta perfectamente a la morfología del cabo, presentando un recinto interior de unos 2000 metros cuadrados de superficie rodeado por varios parapetos y taludes que lo diferencian del contorno. A simple vista no se aprecian restos constructivos ni saqueos.
Los habitantes de estos castros habían alcanzado un considerable grado de maestría en lo que a las técnicas metalúrgicas se refiere. En las excavaciones arqueológicas no resulta raro encontrarse con herramientas y armas de hierro, broches y hebillas en bronce, e incluso algunas joyas en oro. En este sentido, no hace muchos años el catedrático José Luis Maya había relacionado la producción de útiles de hierro en el cercano castro de la Campa Torres (Gijón) con el aprovechamiento de las vetas de hematita -mineral de hierro- que afloran en los acantilados de la playa de Llumeres. Si la historia dicen que se repite, en el caso de Llumeres habría que tomarlo en sentido literal, ya que sobre los vestigios de las explotaciones astures de hace mas de 2000 años se reinició, ya en el siglo XX, una instalación industrial del mineral.
LA ROMANIZACION (SIGLOS I-IV D.C.) LOS CONFINES DEL IMPERIO
En el año 19 a.C. finalizaban oficialmente las guerras cántabras y el territorio del los Astures quedaba bajo el control de las legiones romanas. Se convertía asó el Cabo Peñes en otro finis terrae del por entonces sobredimensionado Imperio de Augusto. Mientras las investigaciones arqueológicas mas recientes tratan de definir en su justa medida que magnitud alcanzaron los enfrentamientos entre la población indígena y los conquistadores en los pasos de montaña, sabemos que las poblaciones asentadas en la costa mantenían desde muchas décadas antes contactos e intercambios comerciales con los navios provenientes de la Bética o de la Lusitania romanizadas. En el cercano yacimiento de La Campa Torres (Gijón) resulta frecuente el hallazgo de cerámicas o adornos personales, importados a lo largo de los siglos I. II y III a.C.
La romanización supondrá para nuestra tierra un nuevo capítulo de su historia. De hecho, es su primer capítulo si entendemos por Historia el ciclo de nuestro pasado en el que se cuenta con fuentes o testimonios escritos para su estudio. Con anterioridad tendríamos un largo y oscuro prólogo, la Prehistoria. Pués bién, la arribada de Roma, conllevará una adaptación del viejo mundo Astur a las nuevas costumbres, fraguándose entre los siglo I y II d.C una sociedad romanizada que mantendrá un marcado e indeleble componente autóctono. Todos estos cambios tendrán un claro refelejo sobre los modelos de poblamientos adoptados. Así, mientras que algunos castros son abandonados con la Pax romana, otros muchos mantienen su ocupación durante el Alto Imperio, sobre todo en los distritos de Sur Occidente asturiano, vinculados a las actividades extractivas del oro. Por entonces, en la zona central de Asturias, donde mas arraigan las estructuras romanas, eclosionan nuevas formas de poblamiento, como las lujosas villas señoriales, con cercanos ejemplos en Veranes o Beloño (Gijón). Pero también empiezan a sugir los pequeños núcleos campesinos, las primeras aldeas (vici), y las primeras granjas, antecedente directos de nuestras tradicionales quintanas. La ocupación del espacio en la época romana se completa con el trazado de las calzadas, la instalción de nuevos centros de culto, y la fundación de las primeras necrópolis al uso romano.
Poco a poco las investigaciones arqueológicas van recuperando los vestigios que se conservan en el subsuelode este prolífico pasado. Y cada vez conocemos mejor la historia de Asturias durante los siglos de la romanización. En el territorio de Gozón también es posible adivinar la huella que dejó este paisaje antiguo en lugares como Bañugues, Heres o La Ren.
Sin duda alguna el área del concejo en el que se conservan los mejores testimonios de la época romana es en el conjunto formado por la ensenada de Bañugues y el valle de Heres, regado por el río Llantada que desemboca en el extenso arenal.
En la margen izquierda de la concha de Bañugues , en la zona conocida como "el antiguo cementerio", se conservan los vestigios de un importante yacimiento romano. Estámos hablando de restos constructivos considerables (muros y cimentaciones) que asoman en el corte de la terraza marina, y que suelen salir a la luz con los frecuentes derrumbes ocasionados por las lluvias. Entre las piedras y la argamasa de estas estructuras resulta habitual localizar fragmentos cerámicos de cronología romana (Terra Sigilata Hispánica, cerámica común romana negra y anaranjada), estucos (que decoraban las parades de la construcción), tegulae (teja romana), así como restos óseos. El estado de conservación de las ruinas exige una pronta intervención de consolidación y protección del yacimiento que impida el avance de su deterioro. A la par, aunque es notorio que se trata de un conjunto importante, la falta de excavaciones arqueológicas nos impide certificar la cronología del mismo ( tan solo sabemos que apareció una moneda de Constantino (306-336), así como su funcionalidad, que en cualquier caso pasaría por su estrecho vínculo con el mar y con el excelente fondeadero natural que supone la ensenada de Bañugues. En relación con ello se ha propuesto la existencia en el lugar de un puerto romano, salinas, factorías de salazón y una residencia señorial.

Además, la margen derecha de la ensenada también es generosa en el hallazgo de restos romanos. Nos estamos refiriendo a los molinos romanos localizados en la Punta del Aguión. Se trata de dos catillus, la parte superior giratoria del molio de tracción manual empleado en la época.
Como decíamos antes el área de Bañugues-Heres debió de presentar un considerable densidad de ocupación en tiempos de la romanización. No muy lejos de la playa, en la parroquia de San Jorge de heres, tenemos noticias del hallazgo de una impresionante lápida romana encontrada a finales del siglo XVIII. Los escritos de dos destacados eruditos de la época, González Posada y Martínez Marina, nos trasladan directamente a los días del afortunado descubrimiento "en 26 de junio de 1790, yendo a visitar al párroco de San Jorge de Heres,a la puerta de su casa había un poyo que el cura refirió se había hallado, en el año 1764, en las zanjas que había mandado abrir para levantar la pared de un nuevo pórtico de la iglesia (...). Es de medio grano de arenisca fuerte, la hice volver de todos los lados y lavarla mucho para descubrir sus figuras, llenas de tierra, y las letras que he podido leer con dificultad (...). Los albañiles le dijeron (al párroco de San Jorge de Heres) que había otra u otras (piedras) y trozos de columnas, pero que venían bien allí para cimiento, que las dejaron en efecto". El ilustre epigrafista F. Diego Santos describe la lápida de esta manera "en la parte posterior tiene un rostro dentro de un disco solar, cuyos rayos rematan en estrellas; en cada una de las caras laterales de la piedra, hay un creciente de luna. Posiblemente la extraña interpretación del texto ha movido a Hübner a rechazar la inscripción. Siguiendo la comparación ornamental de esta lápida con el ara anepígrafa de Laspra pensamos aquí mas bien en un altar funerario. Podría leerse: A Galli(a) / Asturi (f.) a (nnorum) III? po (suit) m.../.../.../ A.G". Lamentablemente, esta joya de nuestro pasado se encuentra en la actualidad en paradero desconocido.
Otros hallazgos aunque menos explícitos, nos hablan de la posible localización de más yacimientos romanos en otros pueblos de Gozón. Nos referimos a los restos romanos citados por Bances y Valdés (1911) en el lugar de En Re que ha sido identificado con la aldea de La Ren, en la parroquia de Cardo. O al molino de Aramar, localizado en la playa de la Ribera, tratándose de un catillus (pieza superior giratoria) en granito que presenta dos perforaciones que permitían introducir sendos mangos de madera para facilitar la rotación.
La Tardoantigüedad. Los siglos oscuros (V-VII)

La edad tardía o Tardoantigüedad es el nombre que reciben los siglos V, VI y VII d.C., el período de tiempo que discurre entre el desmembramiento del Imperio Romano y el surgimiento de la edad media, definida en nuestra comunidad por el desarrollo del Reino de Asturias en el siglo VIII. Tradicionalmente ls Tardoantigüedad ha recibido el nombre de "edad oscura" -del ingles "darke age", dado el gran desconocimiento que teníamos de esa época. Esta situación venía provocada por la escasez de testimonios escritos que arrojasen luz sobre estos siglos. A ello había que unir la existencia de excavaciones arqueológicas que se preocuparan por analizar yacimientos de éste período histórico.
Afortunadamente en los últimos años no son pocos los arqueólogos que han orientado sus estudios hacia la Tardoantigüedad, y ello nos está permitiendo conocer más una época en la que, en Asturias, surgen las primeras iglesias, vinculadas a la expansión del cristianismo entre los "adoradores del fuego". También pervive la ocupación de algunos castros, bién como centros de poder bajo el mando de "señores de la guerra" locales, bien como lugares de refugio de las comunidades campesinas, dedicadas principalmente a la ganadería. Junto a ello, algunos núcleos semiurbanos como Gijón mantienen su presencia en las rutas comerciales marítimas que surcaban el Cantábrico en dirección a Burdeos o al Norte de África, documentándose cerámicas de calidad importadas durante los siglos V y VI.
Con respecto a Gozón son muy pocos los datos que tenemos sobre esta época. Es más, en realidad se limitan a la famosa "moneda sueva" de San Juan de Nieva . Por esta razón cobra especial sentido el socorrido calificativo de "edad oscura", ya que apenas sabemos nada sobre la historia del concejo en estos siglos. Según J. Uría y F. Diego Santos la moneda , un triente de oro, apareció en las proximidades del faro de Nieva. En el anverso lleva el busto del emperador Valentiniano III (425-455 ) y la leyenda "II FIN IIIANITIN IIIV TA IN VC". Por la otra cara muestra una representación de la cruz dentro de la láurea con la leyenda "CONOB". Aquí acaban los datos de los que disponemos. Demasiada poca información para ilustrar una época en la que, posiblemente, la ría de Avilés continuo manteniendo cierta importancia comercial marítima, igual que la tuvo anteriormente, en época romana, y la tendrá después durante el Medievo.
La Protección de nuestro patrimonio cultural y arqueológico : Una tarea de todos
Como hemos podido comprobar a lo largo de este documento, el concejo de Gozón cuenta con un riquísimo acervo histórico en el que están representadas cada una de las etapas históricas por las que han pasado, hasta llegar a nuestros días, las comunidades humanas asentadas en estos valles y un verdadero tesoro cultural. Pero también implica una responsabilidad, un compromiso claro e inequívoco con la conservación de éste frágil e irrepetible legado. La historia de España en general y de Asturias en particular es un buén ejemplo de una mala política de gestión y conservación cultural, sobre todo si la comparamos con nuestros vecinos europeos. Son muy pocas las luces a lo largo de un ancho mar de sombras. Podemos recordar la creación de la Comisión Provincial de Monumentos en el siglo XIX, las declaraciones de Monumentos-Histórico-Artísticos en tiempos de la IIª República. Por su puesto que hay más ejemplos, pero en contrapartida, la lista de adversidades y negligencias resulta infita.
Desde los años 80 del siglo XX las diferentes administraciones implicadas(estatal, autonómica y municipal) se han propuesto invertir esta sombría tendencia. Fruto de las nuevas políticas fueron la realización en los años noventa, y con un impulso renovado tras la publicación de la Leau de Patrimonio Histórico de Asturias en 2001 (¡hasta hace 5 años no teníamos!) de los primeros Inventarios Arqueológicos y Catálogos Urbanísticos en los que se recogían los bienes culturales existentes en cada concejo. La Carta Arqueológica de Gozón se realizó en 1992. Para poder proteger nuestro patrimonio es imprescindible conocerlo, tenerlo catalogado. En la Carta Arqueológica se incluye una ficha de cada bién cultural del concejo cuya cronología abarque desde la prehistoria hasta la Edad Media. Ahí están recogidos desde los útiles líticos aparecidos en Bañugues hasta la moneda sueva aparecida en San Juan de Nieva, pasando por las iglesias parroquiales que mantienen restos románicos. Además se incluye una mención expresa del estado de conservación de los yacimientos arqueológicos (castros, cuevas, túmulos, despoblados medievales) que permite a la administración realizar un seguimiento continuado de las posibles afecciones a las que éstos se vean expuestos.
Pese a todo este trabajo el frente de batalla es muy amplio, y los proyectiles enemigos se cuelan encubiertos de expoliadores (personas que se dedican a excavar ilegalmente y a destrozar los yacimientos), abastecedores de los mercados de antigüedades, yacimientos mal protegidos expuestos a los agentes erosivos, etc. Por todo ello es necesario que la protección del patrimonio histórico y cultural cuente con el imprecindible respalde de la sociedad. Es un tarea de todos los ciudadanos, de toso los vecinos. Es una tarea de una sociedad que debe superar su habitual pasividad (con la honrosa excepción de algunas asociaciones vecinales y culturales), valorando los esfuerzos encaminados en estas materias, pero también manteniéndose vigilante, a la expectativa, exigiendo nuevos compromisos. De alguna manera por aquí pasa el punto de inflexión para un recorrido que ha supuesto que a lo largo del siglo XX perdiéramos una parte representativa de aquello que habíamos ido atesorando durante milenios. A diferencia de la bioquímica el patrimonio cultural no admite clones. En el momentoque un bien cultural desaparece lo hace para siempre y lo que nos queda suelen ser meras reproducciones sobre papel provenientes de antiguas fotografías y grabados. En este escrito encontramos buenos ejemplos de ello. Éstos son algunos de los tesoros del concejo que actualmente se encuientran en paradero desconocido.
GOZON EN EDAD MEDIA
La historia medieval de Gozón se encuentra estrechamente vinculada al protagonismo de un castillo, el célebre castillo de Gauzón. De hecho el propio nombre del concejo proviene del antiguo territorio qu en la Alta Edad Media gobernaba la fortaleza. Una denominación que no pocas veces ha conllevado cierta confusión entre ambas entidades y que intentaremos aclarar en las siguientes líneas.
El Alfoz y el Castillo de Gauzón en la Alta Edad Media
En el Altomedievo (siglos X,XI,XII) el castillo de Gauzón administraba (como un ayuntamiento hoy en dia) una extensa comarca llamada territorio o alfoz de Gauzón. Este territorio estaba formado por los actuales concejos de Gozón, Carreño, Avilés, Corvera, Illas y Castrillón. En el siglo XIII los castillos entran en decadencia y los pequeños distritos internos -Gozón, Carreño, etc- que configuraban el gran alfoz aprovechan para empezar a funcionar con cierta autonomía. Será en esta época cuando el antiguo territorio de Gauzón se desintegre en los seis distritos interiores, uno de los cuales -Gozón- heredará el nombre que antiguamente denominaba a todo el alfoz.
La longeva historia del castillo de Gauzón -recordemos que fue construido reaprovechando un anterior castro romano- se encuentra marcada por reiteradas confusiones y desencuentros. Las más sonadas fueron las que tuvieron lugar con los sucesivos intentos de localización de las ruinas de la fortaleza una vez que ésta se había abandonado entre lo siglos XIV y XV. y es que, durante varios siglos los diferentes eruditos e historiadores que se ocuparon de ello no se puesieron de acuerdo al respecto. Más bien todo lo contrario. No obstante, y ya desde el principio de la discusión, existía una línea argumental de mayor categoría, sostenida por los principales historiadores, que abogaba por la localización de la fortaleza alfonsina en Castrillón, sobre el Peñón de Raíces. Ubicación definitivamente certificada en la segunda mitad del siglo XX. Veamos los principales episodios de aquel debate. Ya a finales del siglo XVI, Ambrosio de Morales, enviado al Principado por Felipe II para hacer un recuento de las riquezas artísticas y arqueológicas del Reino en su Crónica General de España, contribuye a crear el inicio de las ambigüedades ald dejar escrito que "el Castillo de Gauzón, llamado agora Gozón, se edificó en unas altas rocas sobre la mar a tres leguas de Oviedo y una de Gijón". Por la misma época el Padre Mariana tampoco contribuiría mucho a la solución, emplazando la fotificación "sobre un peñón entre Oviedo y Gijón".
En la centuria siguiente el Padre Carvallo parece albergar menos dudas. En sus Antigüedades del Principado nos cuenta que "este castillo parece haber estado en una roca sobre la barra de Avilés, donde se ven grandes ruinas y anchos cimientos, y le llaman el Castrillón". Llegado el siglo XVIII encontramos una doble vía en las localizaciones. De un lado el Padre Risco se ocupa del tema "poniéndole situado en el concejo que hoy llaman Gozón cerca del Cabo de Peñas, entre Avilés y Gixón". y de otro G.M. de Jovellanos lleva a cabo el primer estudio riguroso del yacimiento arqueológico. Así, en una de sus frecuentes salidas de campo el ilustrado gijonés visita el peñón de Raices, donde sitúa los vestigios del célebre castillo, realizando la primera descripción de las ruinas y su entorno y proponiendo por primera vez una posible ocupación previa de época romana. Con la misma opinión se postula el canónigo González Posada, de quien acerca de Gauzón se puede leer "que estaba en raices allende el río de Avilés y cerca de esta villa". Alcanzado el siglo XIX sabemos que Fernando de Ochoa llegó a proponer a la Comisión Provincial de Monumentos la realización de una excavación en el cerro de Raices "donde existen muchos datos para creer que allá debió haber existido el histórico y célebre Castillo de Gauzón".
Por un tiempo la discusión parece atenuarse hasta que en la segunda mitad del siglo XX arrancan una serie de trabajos que serán definitivos en la localización de Gauzón en Raíces. Entre ellos encontramos los dos artículos del profesor Juan Uría Riu publicados en 1966 y 1967 con el ilustrativo título "El emplazamiento del Castillo de Gozón en el cerro de Raíces:nuevas razones que lo confirman" el segundo de ellos. También destacan los estudios de A. Garralda (1970) quién se ocuparía de algunos documentos pertenecientes al cercano eremitorio de Raíces que ofrecían nuevas luces al debate. En las mismas claves se posicionarán los posteriores trabajos de F.J. Fernández Conde (1971)m E. Benito Ruano (1972) y V. González García (1978) Así todo, todavía F. Sarandeses en 1958 y M.G. Martínez en 1967 abogarán, sin indicios fiables, por localizar respectivamente el castillo en Podes y en Perlora. Finalmente en los últimos años el consenso sobrfe la localización castrillonense se ha acentuado en la tesis doctoral de J.L. Avello (1985) y en los trabajos de Mª I. Míguez Mariñas (1998 y 1999), que aportará nuevos documentos escritos concluyentes al respecto. Como último eslabón de esta cadena en el año 2005 hemos podido publicar una monografía que se enfrenta a toda esta problemática a la vez que, en la colaboración con el Ayuntamiento de Castrillón, se ultima el Proyecto de excavaciones arqueológicas en el Peñón de Raíces.
Retomando el discurso sobre la historia del castillo, deberíamos ahora sumergirnos en las últimas décadas del siglo IX cuando Alfonso III el Magno gobernaba el reino con mano firme. Atrás quedan los tumultuosos primeros años de su mandato, obligado a recabar ayuda en los condes castellanos para mantenerse en el ansiado trono. Y mucho más atrás los tiempos de su antecesor Alfonso II, quien había escogido aquella pequeña colina llamada Ovetao para fundar en ella la corte del reino mas poderoso de los "montes Pirineos".
Ahora los ejércitos asture srecorrían a sus anchos los Campos Góticos a la espera de nuevas expediciones que permitieran acrecentar la riqueza de aristócratas y mesnadas. Y ahora el rey Alfonso III y sus magnates fortalecían el contro sobre sus territorios construyendo numerosas fortificaciones. Los lugares elegidos eran muchos y diversos : acantilados en las bocanas de las rías, riscos controlando los desfiladeros, promontorios sobre las vegas más fértiles de los grandes ríos... En estos años el Peñón de Raíces vive una inusitada actividad constructiva. Alfonso III había ordenado levantar una potente fortaleza costera sobre los cimientos de un antiguo castrum que se acabará convirtiendo en el castillo más famoso de entre los patrocinados por el monarca asturiano : el castillo de Gauzón. Aunque desconocemos la fecha exacta de su construcción contamos con algunos datos irrefutables que nos informan de su temprano funcionamiento. El primero, y seguramente el más simbólico de todos ellos, es la propia Cruz de la Victoria, que habría sido elaborada en la fortaleza en el año 908. tal y como reza la inscripción que recorre el reverso de uno de sus brazos. Ya por si mismo este hecho refrenda la importancia jerárquica de un asentamiento fortificado que las Crónicas Medievales ensalzan por la magnificencia de su construcción, especialmente de su iglesia de San Salvador, ubicada en el interior del castillo y ornamentada con "preciosos mármoles". A su consagración acudirían tres destacados obispos del reino : Sisnando de Santiago, Nausto de Coimbra Y Recaredo de Lugo. También a principios dl siglo X Gauzón serviría de prisión para uno de los hijos de Alfonso III, García, tras su frustrada rebelión contra su padre.
Durante todo el Altomedievo siglos (IX al XII) la fortaleza cumplio un triple cometido. En primer lugar tenia una inequívoca funcionalidad militar, encabezando una línea defensiva que protegía la costa astur de los frecuentes atques de las flotillas vikingas y musulmanas, impidiendo el acceso a la corte de Oviedo a través de un desembarco en la ría de Avilés. También abarcaba un contenido socioeconómico, como centro de control señorial de los campesinos que poblaban los valles circundantes, obligados a entregar al señor del castillo la renta feudal extaida del trabajo de la tierra. Además su estratégica situación costera le permitía controlar el tráfico marítimo que discurría por la ría avilesina y que reportaba importantes beneficios en forma de peajes. En este sentido sabemos que en el año 1147 Alfonso VII otorgaba al monasterio ovetense de San Pelayo la quinta parte del portazgo de Gozón.
Y, finalmente, Gauzón ostentaba un claro papel político-administrativo en la comarca, como cabecera rectora de un territorio dependiente (la mandación o alfoz), dirigido primero a los condes y a partir del siglo XII por los tenentes (gobernadores). Su función era representar el poder regio frente a todos los hombres que poblaban el alfoz. Su presencia se dejará notar en la documentación de la época, donde actua como referente espacial a la hora de localizar las villas o iglesias en los documentos medievales mediante el uso de las preposiciones "junto a" (iuxta) y "cerca de" (propecirca). No se trata de una referencia real, dado que algunas de estas localizaciones se hallan a considerable distancia del mismo.
En los años treinte de la duodécima centuria el castillo será una de las plazas fuertes desde donde el conde Gonzalo Peláez susten su rebelión contr el rey Alfonso VII. Tras su sofocamiento los sucesivos monarcas arrancarán la fortaleza del control condal y a partir de ahora nos encontramos con tenentes que ostentan el gobierno de la fortaleza durante poco tiempo, 2,3 o 4 años, alterando rápidamente la titularidad de la misma. Para el cargo de tenente los reyes recurren a miembros de las pequeñas noblezas comarcales, que en algunos casos alcanzarán un notable ascenso social a través de su buen servicio a la monarquía. Entre estos tenentes de los siglos XII y XIII nos encontramos con algunos potentados de Gozón, como es el caso de Pedro Peláez de Manzaneda entre 1151 y 1152, su descenduente Didaco Manzaneda en 1188, o Alfonso Peláez de Colantrero de 1227. En torno a 1222 la fortaleza será entregada a la orden de Santiago e irá perdiendo progresivamente sus funciones rectoras que, con el tiempo, serán asimidas por la villa de Avilés, como podremos comprobar más adelante.
Junto al gran castillo de alfoz de Gauzón se encontraba salpicado de otras fortalezas de menor entidad, de las que actualmente a penas perviven unos mínimos vestigios. Se trata de pequeños castillos localizados en algunos valles y que tuvieron una vida más breve y con mucho menos protagonismo que la fortaleza cabecera. Por esta razón es muy poca la documentación escrita que nos ha legado, en ciertos casos inexistente, y por ello se conoce muy mal su funcionamiento. A modo de esbozo parece intuirse su mayor vitalidad durante los siglos del Altomedievo (IX al XII), estando ligados a la implantación del poder feudal en la zona por parte de diferentes señores (el rey, obispos, los condes, la aristocracia comarcal,etc). Las escasas excavaciones arqueológicas que se han realizado en este tipo de fortificaciones en el norte peninsular nos ofrecen realidades materiales de menguadas proporciones ajenas a los grandes castillos que dominaron la meseta y donde resulta frecuente documentar sencillos recintos amurallados que cobijan en su interior uno o dos torreones defensivos alzados sobre modestas viviendas de madera cubiertas de paja. Después de 700 u 800 años de abandono en la actualidad su reflejo se percibe como amontonamientos de piedras fruto del derrumbe de las murallas bajo los que apenas podremos encontrar modestos suelos de arcilla pisada delimitados con la forma de la antigua cabaña. En su interior fragmentos de cerámica decorada y restos óseos de fauna, inequívocos indicadores de la dieta medieval.
Uno de estos castillos menores lo encontramos en el cercano paraje de Piedramenuda, en la colindante parroquia de San Pedro de Navarro. Nos estamos refiriendo a oppidum de Petras Minutas, al que se alude en una donación de 11158 y donde menciona la existencia de un tenente, Rodericus Garsie, en representación del rey.
En el propio territorio del concejo también contamos con algunos indicios, aunque son todavía más endebles, de la pasada existencia de estas rudimentarias fortificaciones medievales. Así en las cercanías del pueblo de Ferrera (Manzaneda) se localiza un monte que los vecinos conocen como El Castiello, aunque por el momento parace muy arriesgado identificar este promontorio con el castiello que a finales del siglo XV era citado entre los límites de la parroquia de Santiago de Ambiedes: "...dixeron que los términos, límites e confines de la dicha feligresía se determinan de la siguiente manera: començavan a la fuente de pumarín e dende el castiello de Vermudes e dende el riego de la braña e dende va a dar el braço de la mar..."
Indicios de otro de estos humildes castillos altomedievales se localizan en la parroquia de Santa Leocadia de Llaviana, al norte del emplazamiento de la iglesia, donde en un espacio pequeño encontramos concentrados los topónimos El Castiello, El Palacio y Vallao, todos ellos posibles indicadores de este tipo de yacimientos arqueológicos de cronología medieval.
Desconocemos quienes ostentaban el control de estas fortalezas de segunda categoría en la tierra de Gozón, pero es fácil que estuviesen relacionadas con algunos de los poderes aristocráticos presentes en la zona durante el Altomedievo. Ejemplos no faltan. Entre ellos encontramos a los renombrados condes de Piniolo Jiménez y Aldonza Muñoz, fundadores del monasterio de Corias (Cangas del Narcea) y que a principios del siglo XI detentaban la propiedad de las villas gozoniegas de Lloreda, Verdicio, Ovies e Iboya, además de numerosos castillos en la Asturias oriental. También podemos destacar a la gran propietaria Jimena Fernández, hija de los condes Fernando Díaz y Enderquina Muñoz, y que en 1114 poseía las cercanas villas de Bocinas y Builla.
Por encima de estos importantes magnates encontramos a la familia real, que poseía numerosas propiedades en cada uno de los valles del concejo y de las que se irán desligando paulatinamente a través de sus entregas a la nobleza y donaciones a instituciones religiosas. De éstas se verán absolutamente beneficiados la catedral de Oviedo y los grandes monasterios (San Vicente, San Pelayo, etc.), que a lo largo de los siglos XII y XIII desarrollarán sus grandes señoríos en las parroquias de Gozón.
Por debajo nos encontramos una numerosa y diversificada población estructurada en diversos estamentos sociales. Desde los campesinos y pequeños propietarios que poblaban unas aldeas que estaban consolidando sus tierras de labor frente a los profundos bosques durante esta época, hasta los listados interminables de siervos que poseía la catedral de Oviedo en los valles de Gozón. Hombres, mujeres y niños que pertenecían a la tierra que trabajaban, a la que debían de seguir sujetos el resto de sus vidas, cuantificados en los recuentos episcopales junto al ganado. De Condres. Casata integra de Marino carpenteros. Casata integra de Petro Sarrazeniz carpenteros ruales. De Buezenes. Casata integra de Vicente ruales...