El tejido y bordado de las mallas es la principal actividad artesana del concejo de Gozón y mas concretamente de su capital, Luanco, donde siempre se localizaron la casi totalidad de las artesanas malleras. Los orígenes de esta actividad no se conocen con claridad. La mayoría de los investigadores relacionan esta actividad con el auge de la pesca de la ballena y el asentamiento en este pueblo de irlandeses y otros. Junto con éstos hicieron su aparición los veleros de procedencia báltica, que comerciaban con el lino y otras fibras naturales necesarias para la elaboración de artes de pesca.
La técnica de elaboración de las mallas es similar a la de las redes de pesca, pero trabajadas en forma artística. Se realiza en tres fases distintas en las que pueden intervenir una o varias personas. La primera de estas fases es la del tejido de malla o red, para lo que se necesita una barra cilíndrica llamada mallero, que marca el tamaño de la cuadrícula o punto; una aguja abierta en sus dos extremos en la que se enrolla el hilo con el que se hace la labor y, por último, el denominado tentemozo, que es una barra vertical con una pequeña base donde se apoyan los pies de la mallera para permitirle tener las manos libres con las que realiza el complicado proceso del tejido de la red o malla. En la segunda fase, la del “marcado”, la pieza de malla es colocada en un bastidor rectangular que en sus dos extremos lleva unas piezas móviles, llamadas “barretas”, que permiten ajustarlo al tamaño de la pieza a bordar. La marcadora debe perfilar, con un hilo mas grueso, sobre el fondo de la red, el dibujo que se quiere realizar. Tradicionalmente la labor de marcar era la mas cotizada y solía confiársele a las trabajadoras mas veteranas y con mayor habilidad. La tercera y última de las fases es la del bordado, utilizando un amplio repertorio de puntos, pasadas, cordones, calado de espíritu, sobrepuestos, repasados o zurcidos, que requieren una gran destreza y, sobre todo, mucha paciencia. A la pieza ya terminada solamente resta darle un apresto de cola de pescado para que se conserve mujer.
Estos encajes, que siempre han sido una labor femenina, fueron, durante mucho tiempo, un trabajo restringido al ámbito local. Utilizados en ajuares, adorno personal y ropas y ornamentos religiosos. Todo esto, unido a la limitada duración que tienen en función de la naturaleza de los materiales utilizados en su confección, hace que carezcamos totalmente de testimonios materiales que nos permitan seguir su evolución.
A partir de las últimas décadas del sigo XIX comenzará la gran expansión comercial de esta artesanía, gracias a la labor de las hermanas doña María y doña Felisa Pedrera que instruirán a los primeros grupos de mujeres que se han dedicado al bordado de las mallas con fines netamente comerciales. Doña Felisa Pedrera organiza el primer taller conocido, que será el modelo a imitar por los que, a partir de este momento, iniciarán sus actividades. Entre los talleres mas famosos se encontraban los de doña Carmen Cifuentes, Hermanas Ramos, Hermanas Mori,etc., que darán a conocer la malla internacionalmente… Testimonio de la calidad de estos encajes son los innumerables premios obtenidos en concursos y certámenes, entre los que destacamos la Medalla de Plata en la Exposición Regional de Gijón, en 1899, y las Medallas de Oro y Plata de la Hispano-Americana de Sevillam en 1929.
La década de los años 20, con la gran exposición celebrada en la Fundación Pola, en las que se vendieron directamente mas de 54.000 ptas. amén de otras más celebradas por estos años, es la época dorada de esta industria artesanal que inspiraría versos como los del poeta Camín
Del mar de espumas tan blanco
Que suelen de espumas finas
Hacer encajes en Luanco.
Entre 1940, y finales de la década de los 50, este sector sufrirá una enorme crisis de la que no se recuperará. En primer lugar la obligación de afiliar a las obreras a la Seguridad Social, encareció un trabajo, que de por si, ya lo era por la gran cantidad de horas de trabajo que necesitaba. Una segunda causa fue la sustitución de ropas y objetos litúrgicos por otros más sencillos, de acuerdo con el espíritu del Concilio Vaticano. Por último, en 1959, se produce la revolución cubana que cerrará el que junto con la iglesia, había sido su más importante mercado.
Gozón. El libro del Concejo
Celso Díaz López – Alejandro García Álvarez-Busto – Iván Muñíz López