El tránsito de los tiempos paleolíticos a la revolución agrícola y ganadera que supuso el Neolítico está definido en Asturias por dos culturas inmediatas: El Aziliense y el Asturiense. De la primera no tenemos indicios en el territorio que nos ocupa, aunque acabamos de comentar como la cercana Cueva Oscura de Perán parece estar ocupada en este momento.
Del Asturiense, por el contrario, existen numerosos testimonios repartidos a lo largo de nuestro litoral. El máximo representante tecnológico de esta cultura es el denominado “pico asturiense”, toscamente tallado sobre un canto rodado. Según los autores de la Carta Arqueológica del concejo, B. Díaz-Nosty y G. Sierra, dos picos asturienses se encontraron en la Punta Sagareo. En las excavaciones de Bañugues también aparecieron, así como en el Cabo Peñas, la playa de la Cabra Muerta (Luanco) y la península de San Juan de Nieva. Finalmente a la playa de Aramar M. Pérez localizó 4 picos asturienses, que se encuentran depositados en el Museo Arqueológico de Asturias. El considerable número de hallazgos nos informa elocuentemente de la amplia difusión que alcanzó esta Cultura en la costa del concejo en particular, y en Asturias en general, con importantes yacimientos en el sector marítimo oriental, y que proporcionaron en su momento que fuera bautizada con el nombre de nuestra Comunidad. Una cultura que ha sido estrechamente vinculada a la orilla del mar por los investigadores, con la actividad pesquera – documentándose anzuelos de hueso en algunos yacimientos-, pero, básicamente con el marisqueo, con el beneficio de crustáceos, oricios, mejillones, bígaros o llámpares, y donde el pico asturiense se revelaría como una herramienta altamente funcional entre los pedreros. Más allá de estos tópicos, aún son muchas las dudas sin despejar sobre el pasado de estas comunidades, que han sido ubicadas entre VIII y el IV milenio a. C., y que se nos muestran como el último eslabón anterior a la llegada del Neolítico.
Gozón. El libro del Concejo
Celso Díaz López – Alejandro García Álvarez-Busto – Iván Muñíz López