Se concibe como emplazamiento estratégico, algo indudable teniendo en cuenta las características que mencionamos en el emplazamiento del Castro de Nieva. Domina la entrada natural del estuario y puede tener función de vigilancia y además con el debido equipamiento de maquinaria y humano, defensiva, ocupando un papel esencial para el cierre de la entrada al puerto junto con el propio Castillo de Gauzón.
La obra original se verá modificada con añadidos y mejoras, tanto en la propia maquinaria, como constructivas. Se aprovecha entonces la antigua estructura central de la torre, ya que a pesar de la edad sus muros estaban en muy buén estado, para pasar a desempeñar funciones de almacén de pólvora y pertrechos de artilleria.
Es cierto tiempo después (1861-1863), cuando sobre esta formidable estructura, aprovechando la cimentación y el beneficio del óptimo enclave, se levanta el faro de Avilés, que pasará a ser luz y guía para la navegación costera y para la ayuda a la entrada del puerto.
Tuvo que tener sucesivas reformas, como la electrificación en 1926, la sustitución de la linterna en 1957, y la automatización mas recientemente.
Es un faro de 5º orden, cuyo plano focal se encuentra situado a 15 metros del terreno y 40 sobre el nivel del mar y su señal es una luz blanca de 20 millas de alcance, con un sector rojo de 21º 30´ hacia el este para advertir de los bajos de Petón. Las ocultaciones son cada 5 segundos.
También emite, si es necesario, señales sonoras cada 30 segundos: la letra A en morse con alcance de 6 millas.
(Las perlas naturales de la ría de Avilés)
Autores.- Alberto López Fernández
Bernardo de León Suárez
Juan Eugenio Ramos López